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Prólogo
Carta del Reverendo P. Gerald C. Hayes;
Estuve encantado de
leer el Libro de “Los Diez Mandamientos”, de Las Semillas de Esperanza. Como
sacerdote, a lo largo de 44 años, me encantó leer acerca de cómo los estándares
de mi juventud se mantienen en este volumen. Está completamente en línea con
todo lo que se me enseñó como niño en la Iglesia Católica, así como en mis años
de entrenamiento en el seminario. Con todos los cambios en el mundo moderno es
muy consolador ver que la palabra de Dios no ha cambiado.
Se nos dice
expresamente las cosas que tenemos que hacer y evitar al vivir nuestra fe
Católica. Este libro nos da ejemplos concretos de cómo vivir agradando a Dios
Todopoderoso. En estos días es urgente empezar a vivir esta fe y no sólo
escucharla.
Reverendo P. Gerald C. Hayes
Párroco de la Iglesia de San
Antonio de Padua
Houma, Louisiana
Dedicación
Se dedica este libro a Frances
Mable Harrington, fiel sierva de Dios, cuyo amor por Dios fue evidente para
todos los que la conocieron. Su único deseo era amar a Dios y llevar a los
demás a Su Hijo Cristo Jesús a través de la Santa Madre de Dios, la Bendita
Virgen María. Frances dejó esta vida
hacia su recompensa eterna el 6 de
Septiembre de 2003, desde donde sabemos que continúa trabajando para la
Gloria de Dios llevando almas a Cristo.
Es a través de su ejemplo,
oraciones e intercesión que un libro como éste es aún remotamente posible
traerlo al mundo. Haríamos bien de imitar su amor y fidelidad a Dios mientras
trataba siempre de imitar al amor incondicional de la Bendita Virgen
María. En sus últimas palabras a uno de
sus hijos, ella dijo, “Dios, familia, y el deber, así es como deberías de vivir
tu vida.” Así pues, con estas palabras sencillas pero profundas damos a Dios
todas las gracias y alabanza por Frances y por
los encargos que Dios nos ha dado.
Introducción
En este preciso momento de
la historia, cuando el mundo está tan oscurecido por el pecado y se encuentra
lejos de Dios, la necesidad de contar con este libro sobre los Diez
Mandamientos debería ser evidente a todos los que se aferran a la esperanza.
Ya que Dios está siendo
marginado desde todos los rincones del mundo, y la creencia en Dios se promueve
como una idea antigua e irreal, se ha hecho necesario presentar este libro
sobre los Mandamientos para que Dios de nueva cuenta pueda ser una realidad
siempre presente en nuestra vida diaria.
Los Diez Mandamientos están
siendo removidos de cada parte de la sociedad, y en consecuencia el abismo
entre el Cielo y la tierra se está haciendo más y más ancho. Muchas personas
violan los Mandamientos sin ningún remordimiento, creando así un caos en el
mundo cada vez más grande. Desde el principio del tiempo el hombre ha
necesitado dirección, un camino por el cual andar que le diera sentido y
esperanza a su vida. Dios siempre ha proporcionado esta directriz para que el
hombre supiera que Dios es el sentido de la vida, y que vivir en Su Luz es el
camino por el cual el hombre debe de viajar.
Los Diez Mandamientos son el camino estrecho que el hombre debe de
seguir si quiere llegar al Reino de los Cielos. Hoy en día, parecería como si
este camino se hubiera hecho confuso y hay muchas personas que lo recorren
solas, sin Dios, y por lo mismo han perdido su camino en la vida. Las “Semillas
de Esperanza” han sido inspiradas para adentrarse en el estudio de los Diez
Mandamientos de forma muy profunda. Es nuestra esperanza que, a través de
nuestros esfuerzos, y con la ayuda de este libro, los Diez Mandamientos puedan
de nuevo ser presentados al mundo como una fuente de luz que puede ayudarnos y
guiarnos de nuevo hacia la Voluntad de Dios.
A menudo los Diez Mandamientos
han sido descuidados, pero siguen siendo el camino estrecho por el que debemos
de viajar para entrar al Reino de los Cielos.
Jesus revela la estrecha
conexión entre la Vida Eterna y vivir los Mandamientos cuando se dirige al
joven rico: “El le dijo: ¿Porqué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es
el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos” (Mt 19:17). En este pasaje es claro que vivir los
Mandamientos es el camino y la condición para la Vida Eterna. De nuevo Jesús
habló de forma decisiva sobre Sus Mandamientos cuando dijo: “El que
tiene mis Mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ame, será amado de Mi Padre; y Yo le amaré
y me manifestaré a él (Jn: 14,21). De
nuevo dijo: “Ccomo el Padre me amó, así también Yo os he amado a vosotros.
Permaneced en Mi Amor. Si guardáis Mis Mandamientos permaneceréis en Mi Amor,
como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre, y permanzco en Su Amor. (Jn:
15, 9-10). **
A través de nuestro amor por
Dios, hemos pasado los dos últimos años leyendo y estudiando los Diez
Mandamientos para que también podamos acercarnos a un entendimiento más claro
de lo que Dios quiere de nosotros, y para nosotros. Hemos trabajado
diligentemente para incorporar los Diez Mandamientos en nuestras vidas diarias.
Hacerlos una realidad en nuestras vidas ha sido un esfuerzo conjunto de parte
de todos los miembros de las Semillas de
Esperanza, de tal manera que podamos también nosotros ser buenos y
agradables siervos de Dios. Nos ha costado mucho esfuerzo el completar este
libro, con mucha oración, sacrificio, devoción a Dios y cumplimiento del deber.
Pero cuando estos elementos clave están presentes, Dios hará lo que falta, y El
iluminará el sendero hacia Su Glorioso Reino.
“Semillas de Esperanza” es un grupo
pequeño de hombres que ha sido congregado por la Misericordia de Dios, para
motivarnos y fortalecernos unos a otros en nuestro camino al Reino de los
Cielos. Con una misma mente y esfuerzo buscamos ayudar a otros en este mismo
camino. Hemos sido reunidos bajo la guía del Espíritu Santo para estar
unificados en esta misión. Somos una organización sin fines de lucro constituida
por aproximadamente 15 miembros cuya única misión es ayudar al necesitado,
tanto física como espiritualmente, y ayudar a guiarlos hacia la Misericorida de
Dios. No buscamos, ni de ninguna manera proclamamos, que este libro de
cualquier manera esté por encima de la sabiduría en asuntos de fe y moral de la
Santa Iglesia Católica Romana. La enseñanza en este libro no se ha distanciado
de lo que la Santa Iglesia de Dios siempre ha enseñado. Está escrito dentro del
espíritu Franciscano, con San Francisco de Asís como nuestro modelo y guía.
Todos haríamos bien en imitarle su amor y compromiso con Dios, al dejar todo
para seguir el camino de la Santa Cruz.
A pesar de que hay mucho más
que puede ser contempado y enseñado sobre los Diez Mandamientos de Dios,
esperamos que este libro por lo menos sirva como un compás que empezará a guiar
a muchos de regreso a los preceptos de Dios, y lo que El quiere de nosotros en
los Diez Mandamientos. Es nuestra más sincera esperanza y oración que los
esfuerzos plasmados en este libro en los últimos dos años recibirán la
bendición de Dios y El permitirá a muchas personas ver la necesidad de cambiar
su estilo de vida y abrir su corazón a El de nuevo.
Es nuestra esperanza y oración
que todos se beneficiarán de la Generosidad de Dios tanto como lo hemos hecho
nosotros, al incorporar los Diez Mandamientos a su vida cotidiana. La
obediencia a los Mandamientos es crucial, de tal manera que a la hora de la
muerte podamos todos recibir el regalo más glorioso que se nos puede dar: el
Reino de los Cielos de Dios Todopoderoso.
Al leer este libro, es
importante que no lo lea usted como si fuera una novela o un libro de texto. Es
un libro de contemplación. Cuando usted lea Los Diez Mandamientos, contemple en
su corazón las palabras. Es prudente volver a leer partes del libro a fin de
digerir la totalidad de lo que enseña.
¡Oramos, a través de la
intercesión de la Madre de Dios, para que Dios Padre, Dios Hijo, y Dios
Espíritu Santo bendigan a cada uno con el entendimiento de cuán necesario es
guardar los Diez Mandamientos de Dios Santo!
AMEN.
** La version de la Biblia es la Biblia de
Jerusalén, Edición Española
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
Aunque podamos
pensar que estamos viviendo una vida buena, basada en los preceptos de Dios y
tratando de seguir todo lo que Su Hijo, Nuestro Señor, Jesucristo, ha venido a
revelarnos, ¿es posible que estemos perdiendo algo de vista y que estemos
cayendo en el pecado de la presunción?
A fin de
verdaderamente estar haciendo todo lo que podemos, debemos primero contemplar
los Diez Mandamientos de Dios Todopoderoso de una manera más atenta a como lo
hemos hecho antes; porque, ¿Cómo podemos declarar que estamos viviendo en la
obediencia a los Diez Mandamientos de Dios cuando en realidad no hemos tomado
el tiempo necesario para examinar cada uno de ellos por separado?. Aunque los
Diez Mandamientos de Dios han sido escritos en nuestros corazones, son muchos
hoy en día los que han olvidado su exigencias y los han hecho a un lado,
convirtiéndolos en una parte insignificante de sus vidas. Y con toda certeza
son una parte vital de nuestro viaje espiritual hacia el Reino de los
Cielos.
Debemos examinar cada Mandamiento por sí
solo. Cuando preguntaron a Nuestro Señor, ‘¿Cuál Mandamiento de la Ley es el
más importante?’, Nuestro Señor contestó, ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Y el
segundo Mandamiento es similar, amarás al prójimo como a tí mismo. En estos dos
Mandamientos la Ley se cumlpe’. Pues cuando el amor a Dios y al prójimo
se nos convierten en una forma de vida, cumplimos con los Diez Mandamientos de
Dios.
Los Mandamientos no son conjeturas o ideas,
son mandamientos que no deberían ser violados de ninguna forma o en ningún
estilo de vida. Alguno podrá decir, ‘yo soy débil’, y entonces caer en la
tentación, violando los Mandamientos de Dios, y alguno más puede decir, ‘no
permitiré a mi prójimo entrar a mi propiedad’, revelando así un odio al prójimo
que le provoca sufrimiento al alma. Nuestras vidas deben ser un reflejo de la
santidad, y a fin de obtener esta santidad debemos de tratar, con todo nuestro
corazón, de vivir en obediencia a los Diez Mandamientos de Dios, pues
constituyen el camino estrecho que lleva al Reino de los Cielos. Quienes
rechazan este camino al violar los Mandamientos están en el camino que conduce
al fuego del infierno. Es nuestro deseo compartir estos Diez Mandamientos de
Dios Todopoderoso con el lector para que todos podamos aprender de nuestras
fallas y crecer en la Sabiduría de Dios.
EL PRIMER MANDAMIENTO
El Primer
Mandamiento que nuestro Glorioso Dios nos dió dice, “Yo soy el Señor tu
Dios, no tendrás dioses falsos ante Mí.” El Todopoderoso Dios es el Principio y el
Fin, el Alfa y la Omega. El es y siempre será. El nos ha creado por amor y a
cambio, espera y merece todo nuestro amor. En este Mandamiento debemos amar a
Dios con todo nuestro corazón y por encima de todas las cosas, pero tristemente
muchos permiten que la carne los guíe más de lo que le permiten a lo espiritual
ser su guía. El demonio está provocando que muchos glorifiquen más al cuerpo
que al Unico Dios Verdadero. Dios espera
que vivamos en modestia, pureza, y en
control de nosotros mismos. Dios espera que seamos guiados por el Espíritu
Santo, no por la carne; pero tristemente muchos han permitido a la carne
cegarlos, guiarlos y hacerlos sus prisioneros; y al hacerlo se han ya separado
a sí mismos de la Voluntad de nuestro Glorioso Dios. Muchos dicen que creen en Dios, pero luego
viven una vida de contradicciones respecto a lo que han dicho. Si vivimos según
la carne, entonces la carne se convierte en nuestro Dios, pues debemos entender
que la carne es una fuerza poderosa que ataranta a muchos hombres y mujeres del
mundo, discapacintándolos en su jornada espiritual. Muchos permiten a la carne
que los posea, por lo que después. con sus acciones no tienen miedo cuando
desagradan a Dios. Muchos desacralizan su carne con marcas en su piel
que son ofensivas a Dios. Muchos perforan su carne para lograr una mundanal
atracción que ofende a Dios. Muchísimos
en el mundo de hoy son los que violan el Primer Mandamiento con pecados de la
carne. El que siembra de la carne, recibirá su castigo, pero cuando uno siembra
en el espíritu, el Primer Mandamiento se esclarecerá, le será posible vivirlo
sinceramente, y recibirá las bendiciones de Dios.
Hay grandes errores
en el mundo de hoy. Muchos creen que la propiedad del mundo le pertenece a la
humanidad, cuando con toda certeza le pertenece a Dios. El mundo está en este
estado de confusión mientras se hace dioses de la tierra, del mar y del aire.
En nuestro mundo hoy en día muchos son los que rinden culto a dioses falsos, lo
que es una violación directa del Primer Mandamiento, y es por ésto que el mundo
está eclipsado por la confusión; no se puede servir a dos amos. En el mundo hoy
en día muchos ponen mayor énfasis en el dinero que en nuestro Dios
Todopoderoso. Cuando uno empieza a rendir culto al dinero, la Luz de la Fe se
extingue, dejándolo en un estado de vacío.
El dinero nos ha incapacitado a muchos de nosotros, pues a menudo le
hemos permitido poseernos y guiarnos en nuestras decisiones. Los bienes
monetarios en nuestra vida no deberían poseernos, ni deberíamos de ninguna
manera ser esclavizados por ellos, pues es a Dios a quien debemos servir, y no
deberíamos anteponer nada a El. Es importante que le demos gran gloria a Dios.
Debemos rendirle culto y amarlo por todo lo que ha hecho por nosotros, pues El,
que es Todopoderoso nos ha bendecido con Sabiduría para conocer la realidad de
Su Divina Presencia en el mundo; porque El es el Unico Dios Verdadero, que ha
creado el Cielo y la tierra.
Si la gente tuviera visión espiritual, sería
posible remover las cosas que la han mantenido ciega para ver lo vacío de este
mundo. Si tan sólo el mundo pudiera reconocer la Gloria del Padre y la Riqueza
de su Rectitud, vendría al mundo una Paz Divina, bendiciendo a todas las
personas en Su Santa Luz. Pero tristemente el mundo está demasiado ocupado como
para darse cuenta de las bendiciones que Dios le ha otorgado; pues tenemos que
entender que las respuestas que llevan al Reino de los Cielos están en los Diez
Mandamientos de Dios. Mucha gente en el mundo hoy en día apenas y considera los
Mandamientos lo mínimo, y por esto mismo se estancan en su amor a Dios. Muchos son los que podrían contemplar los
Mandamientos y sentir que son sencillos, pero con toda certeza son complejos,
pues los Mandamientos nos enseñan que Dios debe convertirse la parte más
importante de nuestra vida. Su Luz debe irradiar todo lo que hacemos, todo lo
que tenemos, y todo lo que somos. No debemos de dejar pasar nunca un solo día
sin contemplar a nuestro Glorioso Dios y las múltiples Bendiciones que ha derramado
sobre nosotros. No podemos amar a nada ni a nadie por encima de Dios, pues Dios
nos ordena en este Mandamiento que lo bendigamos con nuestro amor. Es de máxima
importancia que glorifiquemos a Dios a través de nuestro amor y de nuestra
obediencia, pero hay algo que debemos recordar: Dios nos ha dado un libre
albedrío y está en nuestras manos decidir que la Voluntad de Dios se haga en
nosotros. Alguno podría preguntarse, ‘¿Cómo puedo decidir que la Voluntad de
Dios se haga en mí?’ Y la respuesta sería: es nuestro deber hacer disponible
nuestro ser, mente y espíritu a Dios, lo que incluye todas nuestras posesiones,
tanto espiritualmente como físicamente.
Dios ha sido muy
paciente y generoso con nosotros. Nos ha dado el tiempo que tenemos para que
podamos convertirnos de nuevo a Su Amor. Nos ha dado el alimento que comemos,
el agua que bebemos, y el hogar en el que vivimos. Dios ha sido muy generoso
con nosotros al poner en nuestras vidas a personas que nos pueden ayudar en
nuestro camino hacia el Reino de los Cielos, y Dios nos ha bendecido con la
vida misma, que muchos dan por descontada.
Muchos en el mundo
cuestionan la existencia de Dios. Buscan el significado de la vida y se
preguntan cómo el planeta empezó a existir. Tienen teorías, y luego dan falso
testimonio para soportar sus teorías, y
al hacerlo llaman sobre nosotros a la Justicia Divina. En nuestras escuelas se
les enseña a los niños que el hombre no viene de Dios, sino de la evolución.
Esto es una clara violación al Primer Mandamiento y debería ser retirado de
todas las escuelas que están enseñando esta blasfemia, pues Dios es el Creador
del Cielo y de la Tierra. El es un Dios Bueno y Condescendiente, lento para la
ira, pero Su Justicia es profunda.
Dios nos da los
Mandamientos para que podamos reconocer la autoridad que El tiene sobre
nosotros. Quienes escuchan la Palabra de Dios pero rechazan la autoridad que El
tiene sobre ellos, sentirán el castigo en su muerte, donde el sufrimiento es
eterno. Dios es un Dios Bueno y Condescendiente para aquellos que lo aman. Y
aquellos que caminan por el estrecho sendero que Dios les ha dado a través de
Sus Gloriosos Diez Mandamientos encontrarán vida eterna en el Reino de los
Cielos. Deberíamos de tener presente todos y cada uno de los días la Generosidad
de Dios, Su Misericordia y Su Justicia. Es importante contemplar nuestra muerte
como una realidad, y en dónde estará nuestro corazón en la hora de nuestra
muerte. Es importante contemplar cada día a nuestro Dios Todopoderoso, ya sea a
través de la Luz que nos da el Espíritu Santo, o a través de los escritos de
los Santos que han pasado antes que nosotros. Debemos de reconocer cada día
nuestra necesidad de Dios y recurrir a El a través de la oración, pues la
oración es un acto que fortalece las virtudes teologales. La oración es unión
con Dios, y relaciona nuestra confianza en Dios, nuestra reverencia a Dios, y
nuestro amor a Dios. La oración de acción de gracias honra a Dios. La oración
es completamente esencial para nuestra capacidad de obedecer los Mandamientos
de Dios, pues sin la oración nuestra vida espiritual se debilita y se hace
frágil, lo que eventualmente nos llevará a violar los Mandamientos de
Dios.
De igual forma, el
sacrificio también es esencial para mantener la obediencia a los Diez Mandamientos.
Es bueno para nosotros ofrecer sacrificios a Dios, ya que esto revela nuestra
gratitud y amor sincero a Dios. Podemos preguntarnos, ‘¿Cómo podemos ofrecer sacrificios a Dios?’ Y la
respuesta es clara: Jesús ofreció el sacrificio perfecto en la Cruz, así que
debemos proponernos unirnos a Su Santo Sacrificio. Es entonces que hacemos de
nuestra vida un sacrificio vivo y completo a Dios, lo que le dará a El mucha
alegría. Pero recordemos, cuando hacemos una promesa a Dios, debemos de
cumplirla, pues Dios toma nuestra palabra en serio, y seremos responsables de
lo que hemos dicho. Debemos ser cuidadosos al hablar cuando prometemos hacer
obras para la mayor Gloria de Dios. Es
importante que recordemos hacer de nuestras palabras realidad, ya que nadie debería
de romper una promesa hecha a Dios. Cuando prometamos a Dios con corazón
sincero, seremos responsables de lo que hemos prometido, y lo que de otra forma
sería un pecado venial se convertirá ahora en un pecado mortal; pues romper una
promesa hecha a Dios viola el Primer Mandamiento. Quienes de esta forma
transgreden este Mandamiento deben buscar el perdón en el Sacramento de la
Reconciliación.
Debemos
preguntarnos: ¿creemos que es mejor ser siervo de un siervo? ¿O es mejor ser
siervo del Amo Glorioso? Debemos abrir nuestros corazones a Dios, ya que Dios
habla a los corazones de todos los hombres y mujeres; pues es nuestro corazón,
es nuestra vida, es nuestra libre voluntad el decidir, ya sea ser un siervo de
este mundo, o ser un siervo del Divino Amo. Podemos ser un músico que trae una
hermosa canción que brinda alegría a Dios, o podemos ser un músico que se niega
a tocar mediante la desobediencia. El instrumento está en nuestras manos, pero
de nosotros depende cómo tocar con todo el corazón para ser agradables a
nuestro Glorioso Dios.
El Primer
Mandamiento es una plataforma para apoyar la Gloria de Dios. Es una plataforma
sobre la que podemos pararnos y hablar de Su Gloria y Su Poder. Es una
plataforma en la que podemos confiar en El y depender de la Buena Providencia
de Dios. El Primero de los Diez Mandamientos, ““Yo soy el Señor tu Dios,
no tendrás dioses falsos ante Mí”, habla fuerte y claro y es exigente hasta la
médula del alma. Este Mandamiento nos enseña que debemos de honrar a Dios sobre
todas las cosas. Este Mandamiento nos enseña que debemos tener una fe completa
en Dios, una esperanza completa en Dios, y una completa caridad para con Dios.
Algunos pueden decir que confían en Dios plenamente, y luego no depender de El
en tiempos de necesidad. ¿Cómo pueden creer que confían en Dios cuando no toman
el tiempo para empezar a conocer a Dios? Y aquellos que dicen conocer a Dios, a
menudo no buscan fortalecer su relación con Dios mediante la oración, el ayuno
y la penitencia. Muchos creen conocer la Voluntad de Dios, cuando de hecho es
su propia voluntad la que conocen. El
que se fía de Dios sabe que Dios es
confiable en Su Palabra, por lo que en tiempos difíciles debemos de orar,
confiar y no tener miedo, pues Dios estará con nosotros. Quienes no rezan y no
confían en Dios, desfallecerán y fallarán, incluso en aquellas cosas que no son
difíciles de conquistar. Es importante que confiemos en nuestras oraciones
concentrándonos en el Cielo, pues a través de la oración fluye una fuente de
Gracia que viene de la Mano de Dios. Cuando recibimos la Gracia de Dios, ésta
nos ayuda a ser los Santos que todos estamos llamados a ser, para que un día
podamos vivir en el Reino de los Cielos. Sería bueno para todos nosotros poner
nuestra confianza en el Sagrado Corazón de Jesús, y cuando lo hagamos, El nos
sacará adelante en las pruebas, problemas y persecuciones más difíciles que nos esperan. Podemos
preguntarnos, ‘¿Cómo puedo lograr esto?’ Mediante nuestra completa sumisión a
la Voluntad Divina de Dios. Rindámonos rezando esta oración:
Oh, Glorioso Salvador, Divina Luz
de Misericordia, permite a mi indigno corazón ser limpiado por Tu Sacratísimo
Corazón. Permite a Tu Amor Inconmensurable que fluye libremente de Tu Sagrado
Corazón entrar a mi corazón para que pueda yo aprender cómo amar más
sinceramente, darme a mí mismo más libremente, y sacrificarme con mayor
humildad. Oh, Divina Luz de Misericordia, permíteme unir mi corazón a Tu
Sufrimiento, para que pueda amar a aquellos que me han hecho daño, para que
pueda amar a aquellos que me han perseguido, para que pueda a amar a los que
son pobres, para que pueda amar a los que están enfermos, para que pueda amar a
los que son moribundos, y para que pueda amar, y recordar en mis oraciones a
aquellos que están sufriendo en el Purgatorio, esperando su purificación.
Oh, Glorioso Padre en el
Cielo, vuelve a nosotros tus ojos en misericordia. Haz llover sobre nosotros un
océano de Gracia, para que Tu Gracia pueda revelar nuestro pecado. Oh, Padre
Glorioso, es Tu Amor solamente lo que necesitamos. Bendice a tu gente, Padre,
para que se arrepienta de su pecado y regrese a casa, a la misericordia de Tu
Amor. Oh, Padre Glorioso, mi corazón está sobrecogido de amor por Ti. Perdóname
por mis tiempos de debilidad, y así, en Tu Misericordia, libérame de ellos y
pon en mí un espíritu limpio, que despreciará todo lo que te ofenda a Ti.
Oh, Maestro Divino, permite que mis obras
buenas sean siempre una bendición para Ti, pues es mi deseo agradarte,
adorarte, darte culto y agradecerte por todo lo que soy y por todo lo que no
soy. Te agradezco, Padre, por Tu Hijo Amado, nuestro Señor, Jesucristo. Te
agradezco, Padre glorioso por el sacrificio de Tu Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, y te bendigo, Padre, por permitir que Su Luz brille dentro de mí,
para que pueda compartir esta Luz a donde quiera que yo vaya. Soy Tu siervo,
deseoso de servirte.
Oh, Padre Todopoderoso, Te guardaré en mi corazón hasta la muerte, para que pueda
contemplar Tu hermoso rostro en el Cielo.
Amén.
Alguno puede decir ‘Tengo gran
fe en Dios’, sin embargo no ha buscado
lo que Dios enseñó a Su Santa Iglesia. Para que la fe sea viva, en nuestra
vida, debemos de tener un deseo sincero de aprender, vivir, creer y profesar la
Unica Fe Verdadera de Jesucristo. “Tristeza” es la mejor palabra para describir
a quien compromete la verdad. Debemos hacernos la siguiente pregunta, ‘Si
nuestro caminar por la vida nos llevara a la cima de una montaña muy elevada
donde estuviéramos parados frente a un precipicio, y llegara el maligno y nos
dijera que nos arrojáramos hacia las piedras filosas en el fondo ¿Lo haríamos?’
Esta pregunta se responde fácilmente, pero la mayoría de las personas tientan a
la fe permaneciendo en los mismos pecados una y otra vez. Debemos cuestionarnos
nuestro amor a Dios si no peleamos contra todas las tentaciones, ya sean del
mundo, de la carne o del maligno. A
pesar de que no hemos sido dignos de recibir las bendiciones que hemos recibido
en la revelación de nuestro Dios Todopoderoso sobre los Diez Mandamientos,
Dios, en su Infinita Misericordia nos ha dado el tesoro de la fe que necesitamos para vivir de
acuerdo con Sus Mandamientos, a través de Su Santa Iglesia. Pues ellos son un
banquete de verdad, un festín de conocimientos, y la semilla de la Sabiduría de
Dios.
A pesar de que Dios
ha sido muy generoso con nosotros, muchos son los que no han buscado la mejor
parte viviendo lo que El nos ha dado. Hablar de Fe es fácil, pero realmente se
trata de una sed interminable por la verdad, y se necesita una fuerte voluntad
para vivir en su luz cada día.
Todos estamos
llamados a seguir al Hijo de Dios, Jesucristo, y a extender Sus Semillas de
Esperanza por el mundo entero, pues nuestra esperanza es el Amor que El tiene
por nosotros. Si no abrazamos la Luz de Cristo y no la ponemos en el interior
de nuestro corazón, y si nos rehusamos a crecer en Fe, Esperanza y Caridad,
muchos morirán de hambre en la oscuridad. Dentro de cada corazón se encuentra
una semilla de amor que está germinando, y que puede dar un fruto que bendecirá
a todos los que buscan la Verdad. Recemos para que estas palabras penetren los
corazones de todos y que ayuden a poner en nosotros un mayor amor por Dios.
Recemos para que estas palabras puedan ser la semilla necesaria que ayudará a
fortalecernos en nuestra fe.
Debemos tener una gran
esperanza, aún en medio de la oscuridad, pues con Dios todo es posible, y no
hay nada que El no pueda hacer. La esperanza debería de ser un estilo de vida
para nosotros, pues si pecamos contra la esperanza estamos violando el Primer
Mandamiento.
Algunos de nosotros
podríamos decir ‘¡No he pecado contra la esperanza!’ cuando con toda certeza ni
siquiera reconocemos las ocasiones en las que hemos pecado contra la esperanza.
¿Cuántas veces nos hemos desanimado ya sea de nosotros mismos o de la gente con
la que convivimos? Muchos de nosotros hemos presumido, a veces, de conocer la
Voluntad de Dios, y como los demás no nos han escuchado, nos desesperamos o nos
enojamos injustamente. Entonces, debido a esta falta de paciencia y de amor,
nos negamos a cumplir lo que Dios nos ha pedido que hagamos, pues el enojo y la
desesperación no son la Voluntad de Dios para nosotros.
La segunda parte
del pecado contra la esperanza está en el pecado de la presunción. Se comete
presunción cuando nos hacemos expectativas audaces de la Salvación de
Jesucristo, sin hacer uso adecuado de los medios necesarios para obtener esta
Salvación. O cuando alguno dice que está salvado y ha comprado el Cielo, más sin
embargo no ha hecho aquello que Nuestro Señor dijo que deberíamos hacer para
obtener la Vida Eterna. Pensemos en esto: si una persona se cansa, se quedará
dormida y traerá así salud al cuerpo. Pero cuando uno se duerme en la Luz de la
Fe y tiene pleno conocimiento de su condición, pero se rehusa a hacer nada para
despertarse, creyendo que está bien con Dios y que Dios esperará a que se
arrepienta, esta persona está viviendo en el pecado de presunción.
Si caemos en cierto
pecado, y después reconocemos el pecado y continuamos cometiendo este mismo
pecado una y otra vez (porque pensamos que a la hora de la confesión no
aumentará nuestra vergüenza ante el Señor), éste es el pecado de
presunción. No queremos que se nos considere
incapaces para el Reino de los Cielos en ningún momento. No debemos de confiar
nunca en nuestra propia fuerza, ni entretenernos donde nuestras tentaciones
puedan encontrarnos, pues cuando hacemos esto presumimos que somos lo
suficientemente fuertes para resistir las tentaciones que nos han alejado de
Dios muchas veces en el pasado. ¿No dijo San Pedro a Jesús ¡Nunca te negaré”? Y
entonces, como los no creyentes, negó a nuestro Señor tres veces. Así que no podemos presumir que nuestra
fuerza sea mayor que la de San Pedro,
por lo que no debemos nunca de acercanos a la tentación. Si alguno
cometiere un pecado mortal, separándose así del Glorioso Dios, debe volver al
Sacramento de la Reconciliación inmediatamente, pues nadie sabe la hora
de la Justicia de Dios. Tampoco conocemos la hora de nuestro juicio, por lo que
es importante permanecer en Estado de Gracia todo el tiempo, ya que a ninguno
querría ser considerado inadecuado para el Reino de los Cielos.
Otro pecado contra
la esperanza es la desesperación. Cuando uno se desespera, pierde la esperanza
en la Divina Misericordia de Dios. Qué triste es cuando muchos de nosotros en
el mundo de hoy caemos en la desesperación. En la vida existen muchas pruebas
que debemos pasar, y muchos de nosotros hemos caído en algún momento. A través
de la Gracia de Dios, algunos tratan de luchar contra la desesperación cuando
llega la prueba, pero demasiado a menudo caen en la desesperación, sin confiar
en la Guía Superior que Dios nos da, y entonces dejan a los demás sin ayuda. En
nuestras vidas nos enfrentamos a muchas pruebas y problemas, y por eso, nuestra
jornada hacia el Reino de los Cielos se vuelve de lo más difícil, pero debemos
de confiar en nuestro Dios Glorioso.
Reflexionemos sobre
esta historia, pues creemos que dice la verdad sobre muchas personas en el
mundo de hoy, pues muchos en el mundo encuentran razones parea negar la
Misericorida de Dios.
Había un hombre de
buen carácter. Era generoso y amable, y obediente a las Leyes de la Santa
Iglesia. Tenía una esposa cuya fe era hermosa y pura, y Dios los bendijo con
tres hijos. A lo largo de la vida de sus hijos
les enseñó la Voluntad de Dios y su obediencia era esplendorosa ante
Dios. En el interior de este hombre radiaban las ricas Bendiciones de Dios;
pero llegó un día cuando su esposa y sus tres hijos murieron y fueron llevados
al Cielo. Este generoso y buen hombre se enojó de que Dios se llevara a su
familia. En esta condición, su ira injusta se convirtió en depresión y por fin
en desesperación, pues este hombre perdió la esperanza en la Misericordia de
Dios. Su desesperación lo alejó de los
Sacramentos de la Santa Iglesia de Dios. Un día recibió la visita de un
sacerdote que estaba preocupado por su salvación. El buen hombre le dijo que si
Dios fuera misericordioso, no le habría permitido tal pérdida. El buen
sacerdote le dijo que Dios es Misericordioso para con todos los que lo aman, y
que El perdonará aún al peor de los pecadores. “Tu familia murió en Su Amor,
ahora viven en su Reino, y esto es lo que quiero para ti”. El hombre aceptó lo
que decía el sacerdote, pero se negó a creer en la Misericordia de Dios, y en
consecuencia, su paso por la vida lo dejó vacío, y por su desesperación estaba
violando el Primer Mandamiento.
Pase lo que pase en
nuestras vidas, no debemos nunca de perder la esperanza en la Misericordia de
Dios. Busquemos en los Santos Evangelios. ¿No cayó Judas en la desesperación al
huir y ahorcarse después de que traicionó a nuestro Señor Jesús? Pero incluso
él habría encontrado perdón si hubiese invocado la Misericordia de Dios. Así que, cuando nos encontremos cayendo en el
pecado de la desesperación, sintiéndonos indignos del Perdón de Dios,
recordemos siempre que Jesús murió en la Santa Cruz para que pudieramos tener
Vida Eterna. Incluso cuando estaba muriendo en la Cruz, ¿Acaso no perdonó al
ladrón convicto? Desde luego, es importante que sintamos un gran dolor por
nuestros pecados, pero debemos siempre de confiar en la Misericordia de Dios, y
en Su Misericorida El nos liberará de nuestros pecados y nos hará plenos de
nuevo en el Sacramento de la Reconciliación. No debemos de perder la esperanza
nunca, pues al ser, como lo somos, llamados a vivir una vida Cristiana fiel, y
con la Misericordia de Dios, aún si un río de gran poder se pusiera delante
nuestro, Dios en su Infinita Misericordia construirá un puente para que nuestra
esperanza sea completa.
Cuando pecamos
contra la Caridad de Dios, estamos violando el Primer Mandamiento. Algunos
preguntarían, ‘¿Cómo se peca conta la Caridad de Dios?’. Y la respuesta sería,
‘¿Cuántas veces hemos permitido a la tentación llevarnos al pecado con pleno
consentimiento?’ Quienes actúan así evidencían su falta de amor a Dios. Es
fácil para alguno decir, ‘Amo a Dios con todo mi corazón’, pero con sus
acciones hacen las cosas que ofenden a Dios, lo que a su vez va en contra del
Amor de Dios, especialmente el pecado mortal; éste nos separa de la Luz de
nuestro Glorioso Dios.
Existen muchas
violaciones adicionales a este Santo Mandamiento que han pasado desapercibidas
para muchas personas en nuestra Nación hoy en día. Nos gusta creer que los
cimientos de nuestra Nación están en Dios, pero es necesario examinar más
sinceramente las grandes ofensas que están sucediendo en esta Nación, que están
violando el Primer Mandamiento; pues si examinaramaos los cimientos más de
cerca, veríamos que existe un severo daño estructural que al final será la
perdición de esta Nación. Basta con considerar los pecados contra el Primer
Mandamiento que están dándose en nuestro País, y se verá lo cerca que estamos
verdaderamente de la destrucción.
Hay algunas
personas en esta Nación que por curiosidad han entrado a la brujería, y hay los
que han entrado por su voluntad. La brujería está prohibida por el Primer
Mandamiento, es una obra del maligno que provoca una separación completa de
Dios. Quienes entran en este pecado mortal conocerán su castigo en la hora de
la muerte. De igual forma, no debemos de creer en las supersticiones, ya que
también violan el Primer Mandamiento. Quienes creen en las supersticiones
ofenden a nuestro Glorioso Dios, y quienes reaccionan a las supersticiones
deshonran a nuestro Glorioso Dios. He aquí algunos ejemplos de supersticiones.
Tiempo atrás,
solían marcar caras en las calabazas y poner una vela en el interior de la
calabaza, que iluminaba la cara. Creían que espantarían a los demonios y
evitarían que entraran a sus casas; sencillamente, al hacer esto por
superstición, sin creer que nuestro Glorioso Dios es el Protector Supremo,
invitaban al maligno a vivir en sus casas. Algunos utilizan los sacramentales
de formas contrarias a la naturaleza, que ofenden a Dios. Algunos deshonran a
los Santos enterrando algún sacramental suyo en la tierra, pensando que esto
será la causa de su éxito. Esto es superstición extrema que viola el Primer
Mandamiento.
Mucha gente en
nuestra sociedad recurre a los adivinadores. Algunos siguen creyendo en este
engaño, y otros lo hacen por curiosidad, pero todos los que acuden a los
adivinadores están violando el Primer Mandamiento. Los que visitan a los
adivinadores están dando honor a una criatura, cuando todo honor pertenece sólo
a Dios. Los que creen que los amuletos tienen poderes místicos están violando
el Primer Mandamiento, pues sólo Dios es
el Poder Divino y debemos recurrir a El para recibir ayuda Divina. Dios ve
todas las cosas, por lo que con gran pena El ve que esta Nación está violando
el Primer Mandamiento de muchas formas.
Nunca podremos ser demasiado cuidadosos en la batalla espiritual entre
el bien y el mal. En un mundo tan oscurecido por el pecado, es de lo más
difícil permanecer fuertes en nuestra fe. El maligno desea que todos violemos
los Mandamientos, y es por esto mismo que encuentra diversas formas para
manipular a la humanidad poniéndola a su servicio.
Veamos las cosas
que se permiten en nuestra sociedad hoy en día y veremos que es peor que en los
días de Sodoma y Gomorra. Dios Todopoderoso observa en nuestra Nación una
cantidad tremenda de paganismo y una tremenda cantidad de ateismo. En nuestro
País, Dios escucha a mucha gente decir Su Nombre en vano como una práctica
común. En nuestra Nación, Dios ve a
muchos que re niegan a santificar el Día del Señor. Dios contempla a muchos que
creen que están santificando el Día del Señor, y sin embargo hacen que muchos
trabajen para su conveniencia. En nuestra Nación, cuando los niños se desvían
de la fe, los padres no pelean por sus almas. En nuestra Nación, alejarse de
Dios es común, porque muchos no se han tomado el tiempo para aprender de la
Justicia de Dios. En nuestra sociedad, los niños son irrespetuosos con sus
padres y se niegan a honrarlos, lo que a su vez viola el Mandamiento que les
ordena honrar a su padre y a su madre.
Hay que ver cuántos
miles y miles de bebés han sido asesinados en el vientre en esta Nación; y
nuestros niños toman las vidas de otros niños, e incluso la suya propia. Veamos
la inmoralidad en nuestra Nación, cómo el adulterio se ha convertido en un
estilo de vida para muchos. Muchos buscan el propio placer, aún a costa de
violar los Mandamientos. Veamos todos los crímenes que se cometen en nuestra
Bendita Nación, desde el robo de propiedades personales hasta llegar a cometer
asesinatos.
Dios ve los
crímenes de aquellos que han sido víctimas de abuso y de los que abusan de sí
mismos. Dios ha visto la fornicación en nuestra Nación. El ha visto la
pornografía en nuestra Nación y a quienes la ven. Dios ve la falta de modestia
en nuestra Nación y la lujuria en los corazones de los hombres. Dios ha visto a
los que han difamado al prójimo y a los que han dado falso testimonio contra su
prójimo. Dios ha visto a muchos deseando a la mujer de su prójimo. Dios ha
visto al prójimo robando al prójimo.
¿No podemos ver
cómo la ira de Dios caerá en nuestra Nación por estas ofensas que se comenten
sin arrepentimiento? No puede haber más que gran aflicción a futuro para
nuestra Nación, pues la cantidad de pecado mortal en ella hoy en día podría
ocasionar que cayera fuego del cielo, destruyéndola. Cuando regrese Jesús,
¿Encontrará verdadera fe en este País? El causante del deterioro de la moral en
nuestro País es el maligno. El maligno está utilizando todos los medios
posibles a su alcance para llevar a todos los que pueda a violar el Primer
Mandamiento.
Hay tres partes del
cuerpo que él usa para controlar a todo el cuerpo. El usa los ojos, los oídos y
la mente, pues cuando puede revelar algo pecaminoso a los ojos, o a los oídos,
o a la mente, todo el cuerpo puede ser consumido por el pecado. ¿Cuántas veces
debemos de aprender de los peligros del pecado antes de huir de lo que sea que
lo esté provocando? A veces parece que
los infantes aprenden mucho mejor que nosotros. Si un infante se quemara
tocando la estufa, no volverá a tocar la estufa nunca más, porque recordará el
gran dolor que le ha causado. Así pues, recordemos, cuando seamos tentados al
pecado, el gran dolor que le causaremos a Nuestro Señor Jesucristo si caemos en
ese pecado.
Debemos analizarnos
a nosotros mismos. ¿Cuántas veces hemos ido a ver una película que sabíamos que
ofendería a Dios, y sin embargo utilizamos nuestros ojos para poder ver esas
cosas que son pecaminosas en la pantalla del cine? No nos dejemos engañar por
las intenciones del maligno, porque nueve décimas partes de lo que se enseña podrían
ser buenas, pero la décima parte que contiene el mal tiene el poder de destruirnos.
¿Puede alguien
decir, ‘Viviré nueva décimas partes de la Ley y aún seré encontrado digno del
Reino de los Cielos’, o debemos de vivir la totalidad de la Ley para recibir el
Reino de los Cielos? No deberíamos de
tener la menor duda de que el maligno está guiando a muchos de los directores
que producen películas que están ocasionando la muerte espiritual de muchos
corazones. Con mucha tristeza, muchos de los que buscan seguir a Dios se
divierten y apoyan a estas películas blasfemas, que deben de provocar profunda
ira a Dios. Cuando nos sentamos delante de una pantalla de cine, absorbemos con
los ojos las cosas que son pecaminosas, y se convierten en parte de nosotros,
aunque no queramos que lo hagan. ¿Puede alguno borrar su propia memoria? ¿Y no
podrá el maligno usar esta memoria pecaminosa contra su dueño?
Muchos dicen, ‘Esta
película que presenta la brujería es buena y edificante para nuestros hijos’,
lo que demuestra su falta de Fe y de conocimientos. Alguno más podría decir,
‘Es sólo una fantasía, y no hará daño a
nuestros niños que la van a ver’. Entendamos, porque las Escrituras
hablan claramente sobre la brujería, porque seguramente traerá confusión a
muchos de nuestros niños e inspirará a muchas personas ideas que ofenden a Dios
profundamente. Si nos divierte el pecado, nos convertimos en pecado, pues todo
lo que se opone a la Voluntad de Dios lo deberíamos de evitar. Cuando permitimos a nuestros niños ver tales
cosas, solamente logramos disminuir sus posibilidades de entrar al Cielo. Alguno
podría preguntarse, ‘¿Qué es lo que provoca tal enfermedad en nuestra Nación?’.
Son la televisión y los cines que preparan el escenario para la inmoralidad,
para la violencia, y para estilos de vida que ofenden a Dios. Y sin embargo,
¿Cuándo fue la última vez que se vio una película que glorificara a Dios en
toda Su Belleza, o que enseñara Sus Mandamientos, o que hablara de nuestra
necesidad de arrepentirnos de nuestros pecados y de abrazar su
Misericordia?
Nosotros, en esta Nación, nunca recuperaremos nuestra salud espiritual
hasta que hayamos destruido la fuente de sus males. Muchos brindan mayor honor
a estas películas que ofenden a Dios, que el que le dan a Dios Mismo; y por esta
causa, esta Nación viola el Primer Mandamiento. Algunos dirán, ‘Vamos a Misa
temprano, porque hay algo que quiero ver en la televisión’. ¿Quién creemos que
está siendo más adorado: Dios o la tele? ¡Qué triste es cuando permitimos a
nuestros hijos ser criados por la seducción de la televisión y los cines! Nadie
debería preguntarse porqué el mundo de hoy está absorto por la perversidad del
maligno. Nadie va a querer ser sorprendido riéndose de las cosas que ofenden a
Dios, ni tampoco querrá ser sorprendido en el silencio sobre algo que sabe que
ofende a Dios, pues por su fe y amor por Dios todos serán conocidos.
La segunda parte del cuerpo que el
maligno utiliza es el oído. A pesar de que a menudo las orejas pueden ser usadas
en conjunto con los ojos, hay veces en las que se pueden usar por sí solas. La
música puede estimular los sentidos y puede construir nuestras emociones, lo
que puede provocar a algunos a actuar impulsivamente. Muchos niños hoy en día
utilizan la música como un escape, para estimular sus deseos malsanos. Muchas
de las palabras escritas en estas canciones se oponen a la Voluntad de Dios, y
sin embargo muchos se divierten mediante estas mismas palabras que ofenden a
Dios y se dejan fascinar por ellas. Incluso muchos niños cuyos padres desean
que sus hijos vivan los Mandamientos de Dios, rechazan la sabiduría de sus
padres y consienten las palabras de la música que saben que es ofensiva para
Dios. No hacen esto sólo una vez en su
vida, sino que escuchan la música ofensiva una y otra vez. Permiten a estas
palabras guiarlos a la enfermedad, no a una enfermedad física, sino a algo
mucho peor: ¡Una enfermedad espiritual que puede llevarlos al fuego del
infierno! Muchas canciones hoy en día
otorgan más honor a las criaturas que a Dios Todopoderoso y esto viola el
Primer Mandamiento, pues el honor le pertenece sólo a Dios. Honrar a algo o a
alguien por encima de Dios debería avergonzar nuestra alma, y después
necesitamos el arrepentimiento.
La tercera parte del cuerpo que el
maligno está usando es la mente, donde almacenamos la información que
recibimos. Hay muchas fuentes de información y muchos lugares donde podemos
encontrarla. Somos bendecidos por Dios cuando deseamos información que nos
llevará al Reino de los Cielos, para poder almacenarla en nuestra mente. Pero
también están aquellos que se divierten con libros que ofenden a Dios. Debemos
examinar el contenido de los libros que leemos; si contradijeran la Voluntad de
Dios, debemos alejarlos a la oscuridad de dónde salieron. Tampoco deberíamos
consentir los libros que inflaman el corazón con lujuria. Recordemos, lo que
absorbemos con la mente se convierte en parte de nosotros, por lo que
deberíamos evadir todas las cosas que sean contradictorias a nuestra fe y
debemos estar firmes en la verdad. Muchos libros hoy en día violan el Primer
Mandamiento, y sin embargo muchas personas dentro de la Iglesia permiten a sus
hijos leerlos. ¿Acaso no atrae esto enorme oscuridad a la lectura de nuestros
hijos? Todos deben saber que no es fácil para nuestros hijos seguir el Primer
Mandamiento cuando se les enseña a vivir un estilo de vida pagano a través de
los libros que leen. La fuente del amor está cerca, pero debemos alcanzarla con
toda nuestra fuerza y abrazar el Amor de Dios. Y luego, no debemos de soltarlo
nunca, pues si lo hacemos caeremos de nuevo en la oscuridad que ha envuelto a
nuestra Nación. Muchos en nuestro País dirían, ‘Hemos bendecido a muchas otras
naciones con nuestro amor’. Pero su amor es sólo por la carne, no para el
beneficio espiritual que bendeciría al mundo en una luz mucho mayor. Lo que
hemos compartido con ustedes en este Primer Mandamiento es la verdad; sin
embargo, hay muchísimo más que se podría aprender en este Primer Mandamiento.
No debemos de permanecer nunca dormidos en nuestra Fe; deberíamos en cambio
vivir en las virtudes Teologales (Fe, Esperanza y Caridad), pues son la clave
para el éxito de la vida en el Primer Mandamiento; y recordemos, la oración y
el ayuno son esenciales para poder vivir en obediencia a los Diez Mandamientos
de nuestro Glorioso Dios.
El Segundo Mandamiento
El Segundo
Mandamiento dice, 'No pronunciarás en vano el Nombre del Señor tu Dios.' Uno puede preguntarse, ‘¿Cómo se pronuncia el
Nombre de Dios en vano?’ Es mediante nuestras acciones y palabras. Cuando se
habla irreverentemente sobre nuestro Glorioso Dios, se ha pronunciado en vano
el Nombre del Señor. Si alguno eleva su voz blasfemando a Dios, ha pronunciado
en vano el Nombre del Señor. Si alguien por enojo habla contra el Santo Nombre
de Dios, ha violado el Mandamiento. ¡Cuántos hablan sin
examinar lo que dicen! Alguno puede decir, ‘Dios ayuda a los que se ayudan a sí
mismos’, pero esta expresión contradice la enseñanza de la Iglesia. Todos
debemos de depender de la asistencia Divina de Dios, y entonces, con la bendición
de Dios, podemos ayudar a los necesitados. Porque somos un recipiente de la fe,
y en esta fe todos debemos de vivir una vida virtuosa que sea agradable a Dios.
Se nos ha dado mucho, por lo que a cambio se espera de nosotros mucho más. Es
importante que tratemos con todo nuestro corazón de vivir en la Gracia de Dios,
y confiemos en la Buena Providencia de Dios. No se nos debe encontrar
desperdiciando nuestro tiempo en cosas frívolas. Debemos de alejar las horas de
indolencia y buscar con todo nuestro corazón crecer en nuestra vida espiritual.
Es importante que mantengamos nuestra vida espiritual por medio de la oración.
Porque nos inspirará a ayudar a aquellos que caminan en la oscuridad de la
ignorancia. Los que así se expresan: “Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos”,
están en un error y es nuestro deber ayudarles con nuestra virtud.
Muchos toman las
Santas Palabras de Dios que están en la Santa Biblia Católica y revierten su
significado para que no contradiga a su estilo de vida. Cuando se usa la
Sagrada Escritura de esta manera, se está violando el Segundo Mandamiento, y se
necesita el arrepentimiento en el Sacramento de la Reconciliación. Este
Mandamiento se ha violado de esta manera en muchas ocasiones. Muchas personas
interpretan la Sagrada Escritura para su beneficio propio. Esto está prohibido
por Dios, y el Segundo Mandamiento aplica un castigo. Siempre debemos de usar
las Sagradas Escrituras para beneficio de Dios, no para el nuestro propio; pues
cuando buscamos el beneficio de Dios nos estaremos beneficiando nosotros
mismos, permitiéndonos crecer en santidad.
Cuando utilizamos las Sagradas Escrituras, debemos hacerlo con
reverencia completa y con el significado que Dios quiso que tengan. En el
Segundo Mandamiento debemos abandonar lo mundano y rendir nuestra voluntad a la
Voluntad Divina de Dios. Cuando hagamos esto tendremos palabras de sabiduría, y
nuestras palabras serán buenas y agradables a nuestro Glorioso Dios.
El Segundo
Mandamiento revela que debemos evitar el chisme. No es prudente hablar en vano
de las fallas de los demás, puesto que demostramos irreverencia hacia nuestro
Glorioso Dios. En el Reino de los cielos, nuestro Glorioso Dios ha bendecido a
muchos para que se hicieran santos. A pesar de que los santos en el Cielo tuvieron
muchas pruebas y problemas mientras vivieron sus vidas en la tiera, el camino
hacia el Cielo no siempre estuvo claro para ellos; sin embargo nunca perdieron
la esperanza y perseveraron por encima de sus pruebas y problemas; y la
Misericorida de Dios bajó sobre ellos, inspirándolos con la Verdad, en la cual
ellos vivían. Los santos en el Reino de los Cielos guardaron su promesa a Dios
de permanecer santos mientras estuvieron en la tierra. Por esta razón no
debemos de pronunciar sus nombres en vano. Los que hablan de manera irreverente
sobre los santos están violando el Segundo Mandamiento. Por ejemplo, cuando se
ridiculiza el papel de nuestra Santa Madre de Dios y se le llama algo menos de
lo que Ella es en realidad, se está violando el Segundo Mandamiento.
Por el Segundo
Mandamiento también se nos ordena cumplir nuestros juramentos legales a nuestro
Glorioso Dios. Se pueden preguntar, ‘¿Y cómo violamos nuestros juramentos a
Dios?’ Cuando alguien jura por Dios se está llamando a Dios para que sea
testigo de que se está diciendo la verdad. Para los seguidores de Jesucristo,
un juramento a Dios es el acto más solemne
que se puede hacer en la presencia de los demás hermanos y hermanas en
Jesucristo. Pero, cuando se hace un juramento a nuestro Glorioso Dios, que no
sea encontrado infiel a su palabra quien lo ha hecho, pues cuando alguien
miente bajo juramento está violando el Segundo Mandamiento. Dios es la Verdad
Infinita y quienes dan falso testimonio bajo juramento están desagradando a
Dios; pues Dios, que es Todo Verdad, aborrece la mentira.
Consideremos esta
historia: bajo el manto de la oscuridad un hombre comete un pecado serio; en
seguida esconde lo que ha tomado en un lugar donde nadie lo encontrará. Después
de haberlo escondido, un elegido para defender la ley lo atrapa y lo presenta
al juez. Entonces se le pone bajo
juramento para que diga la verdad de lo que ha hecho. Conforme se le cuestiona,
les dice que no sabe nada del acto ilegal; sabiendo que está bajo juramento a
Dios, le pide a Dios que sancione su mentira. Por lo mismo es digno de castigo
en el fuego del infierno si no se arrepiente. Para hacer un juramento a Dios,
es necesario prometer ser veraz, pero no debemos de abusar de los juramentos a
Dios. Por ejemplo, muchos dicen, ‘Verdad de Dios’ o ‘ por Dios’, pidiéndole a
Dios que sea testigo cuando a menudo no están diciendo toda la verdad, y a
veces no están diciendo nada de verdad. Debemos ser prudentes en lo que
hablamos, pues Dios oye todas las cosas que decimos y El ve todas las cosas que
hacemos. Así que cuando hagamos un juramento cuidemos muy bien lo que decimos,
pues se nos pedirán cuentas de las veces
que dejemos de cumplir un juramento a Dios. Deberíamos de hacer juramento sólo
cuando es requerido por la ley, por Dios, o para honrar el bienestar del
prójimo.
El Segundo
Mandamiento también nos ordena cumplir los votos (o promesas) legales. Cuando
se hace un voto o promesa a Dios se promete con pleno consentimiento y libre
voluntad hacer trabajos agradables para nuestro Glorioso Dios. Pero cuando alguien obliga a otra persona a
hacer un voto, bajo ninguna circunstancia se trata de un voto válido, pues
todos los votos o promesas a nuestro Glorioso Dios deben de ser de la
Naturaleza de Dios. Deben de ser agradables y hechos con la máxima reverencia.
Mucha gente hace promesas que desagradan a Dios. Muchas de estas promesas se
dicen con coraje, o se dicen como venganza contra los demás. Estas promesas
contradicen la Divina Voluntad de Dios, y por lo mismo son desagradables a Dios,
y pecaminosos por su propia naturaleza. Los que así hacen promesas necesitan
arrepentirse mediante el Sacramento de la Reconciliación.
Hay muchas personas
en las sociedades del mundo que comenten pecados contra este Mandamiento inscribiéndose
como miembros en una sociedad secreta, como la Masonería. Hay muchas otras
organizaciones que son similares a ésta. Pertenecer a estas organizaciones
amarra a la gente a sus filosofías, que van directamente contra las verdades de
la Santa Iglesia que Jesucristo fundó. Muchos de los que pertenecen a estas
organizaciones prometen hacer lo que se les ordene, sin siquiera saber qué se
les pueda pedir. Cuando se hace una promesa, sin saber lo que le pueden pedir a
uno que haga, puede comprometer la propia salvación. Muchas de estas
organizaciones tienen rituales blasfemos, y quienes se inscriben en ellas hacen
una promesa, jurando ser fieles a sus órdenes. Tales sociedades secretas están
prohibidas por la Santa Iglesia Católica Romana, no por su propia autoridad,
sino por la autoridad que Dios les ha conferido. Muchos que pertenecen a la fe
se niegan a utilizar las enseñanzas de Dios en las Sagradas Escrituras, que los
alejarían de unirse a las organizaciones que ofenden a Dios, sino que, en su
falta de temor, “comprometen” la Palabra de Dios, permitiéndose la libertad de
ingresar a estas organizaciones pecaminosas. Pertenecer a una organización que
busca desacreditar las Santas Enseñanzas de la Santa Iglesia que es de Dios, es
una violación del Segundo Mandamiento. En esta Nación hay varias personas que
han abandonado las Sagradas Escrituras completamente y buscan utilizar la
Palabra de Dios para ganar poder, riqueza y popularidad, lo que a su vez viola
el Segundo Mandamiento al usar en vano las Palabras del Señor. Se debe examinar
cualquier organización a la que se esté buscando ingresar. Sus objetivos deben
de ser legales y la organización debe de tener una conducta apropiada. No deben
de utilizar el pecado de ninguna manera. No deben de obligar a los miembros a
pronunciar juramentos que violen su dignidad, su moral o sus principios
espirituales. Ninguna organización debe de sembrar duda en nuestra preciosa fe,
que Dios nos ha dado, ni debería de intentar persuadirnos en contra de nuestra
fe. Nuestro Glorioso Dios aprueba y bendice a las organizaciones que están
diseñadas para ayudar a los necesitados, tanto física como espiritualmente,
como son las organizaciones que promueven la vida, la dignidad, y las preciosas
virtudes de las que esta sociedad carece severamente.
Es importante que
tales organizaciones sean fuertes y bien sostenidas por los fieles. Tengamos en
cuenta que cuando un soldado actúa solo, es facilmente derrotado, pero cuando
muchos soldados se unen en Cristo, se puede ganar una gran victoria para la
Gloria de Dios.
Cuando hacemos una
buena y sincera promesa a Dios y no cumplimos lo que se ha prometido, es
pecado. Deberíamos de empeñarnos de todo corazón en cumplir la promesa,
diciéndole a Dios que nos dedicaremos a la promesa que hemos hecho; y si
entonces rompemos esta promesa, estaremos en pecado mortal, violando el Segundo Mandamiento.
Por el Segundo
Mandamiento se nos prohibe hacer un juramento apresurado. Por ejemplo, alguno,
en su celo desmedido, emite un juicio temerario y escribe un libro sobre este
juramento. Escribe un libro calificando que algo es falso, sin saber con
certeza si es cierto o falso en su naturaleza. No debemos reaccionar con
decisiones temerarias, pues no nos gustaría encontrarnos obstaculizando el
alimento espiritual para los hambrientos.
Debemos de recordar
que cada uno de nosotros pertenecemos a Dios y que somos llamados a ser
representantes de Su Luz, y por esto mismo, por el Segundo Mandamiento se nos
prohibe usar lenguaje profano o maldiciones. Pues si se nos encuentra
blasfemando contra Dios, seremos relegados al fuego eterno del infierno, ya que
Dios castigará severamente a quienes blasfemen.
Alguno podría preguntar, ‘¿Cómo blasfema uno contra Dios?’ Blasfema quien dice o hace algo
extremadamente irrespetuoso para con nuestro Glorioso Dios. Si alguno dijera
que Dios es injusto, es una blasfemia. Si alguno dijera que Dios es cruel, es
una blasfemia. Si alguno dijera que Dios
cometió algún error en la creación, es una blasfemia; y todas las cosas
similares a estas frases son formas de blasfemar. Pero no todas las blasfemias
se expresan con palabras, sino que también se puede blasfemar con las acciones.
Muchos retan a Dios, ya sea por medio de una acción o algún signo. Por ejemplo,
alguno puede retar a Dios levantando su cara y su puño hacia Dios, y diciendo
entonces, ‘¡Si eres Todopoderoso, ven y toma mi vida ahora mismo!’ Esto sería
una blasfemia, y cualquier acto similar a este lo sería también. Por lo mismo,
la blasfemia se presenta de dos formas; una es mediante un acto, la segunda
mediante las palabras que pueden decirse;
pues decir o hacer cualquier cosa que intencionalmente insulte a nuestro
Glorioso Dios es blasfemia y su castigo es severo. Como Dios llama a cada uno
por su nombre, no debemos de mostrar faltas de respeto hacia ninguno.
Cuando pertenecemos
a Dios, como lo hacemos nosotros, no debemos de usar el nombre de nadie en
vano, ni deberíamos de juzgar a nadie o condenar a nadie por sus acciones.
Debemos instruirlos e informarles cuando están violando los Mandamientos de
Dios, pero no debemos de imponer nuestra voluntad sobre ellos, ni juzgar su
salvación, no sea que su castigo pudiera caer sobre nosotros. Cuando hablamos de Dios y de Sus Sagradas
Escrituras, debemos hablar con reverencia y respeto total. De la misma manera,
cuando hablamos de los santos, se debe hablar con reverencia, para que un día podamos unirnos a ellos y
vivir en la alegría del Reino de los Cielos. Cuando Dios declara santo algo, ya
sea mediante la Santa Iglesia o a través de las Sagradas Escrituras, debemos
tratarlo con reverencia. Debemos tener
reverencia hacia cada juramento que hagamos a Dios, y se nos pide cumplir las
promesas que le hemos hecho. Al hacer estas cosas, estaremos viviendo en la
obediencia al Segundo Mandamiento.
El Tercer Mandamiento
El Tercer
Mandamiento dice, 'Recuerda que debes santificar las Fiestas.' Cuando alguien nos recuerda, por medio de las
palabras del Dios Todopoderoso, que tengamos presente santificar las Fiestas,
es importante saber que las leyes del séptimo día (Domingo) no se han abolido.
Por medio de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, el
Séptimo Día ha llegado a su plenitud. Pero no debemos de creer que la nueva ley
del Día del Señor abolió los principios del Sabath judío, pues por el Tercer
Mandamiento se nos ordena santificar el Día del Señor y cada día de Obligación
en el que Dios inspira a la Santa Iglesia.
Esto significa que la ley nos requiere asistir a Misa en el Día del
Señor, que es el Domingo, y estamos obligados a asistir a Misa en cada Día de
Fiesta de Obligación que la Iglesia, inspirada por Dios, declara.
Hay gran tristeza
en estos tiempos en que vivimos. Por el trabajo del demonio muchos se han
alejado de la Verdad y viven ahora en el error. El demonio quiere que creamos
que no hay obligación de asistir a la Santa Misa en el Día del Señor, lo que ha
cegado a muchos que antes eran fieles; pero un dolor aún mayor se ha vertido
sobre este mundo, cuando muchos están conscientes de la violación al Tercer
Mandamiento cuando no asisten a Misa en Domingo, y no sienten remordimiento. Es
con gran pesar que ellos se condenan, al negarse a santificar el Día del Señor.
Muchos católicos en nuestra sociedad de hoy no temen las consecuencias de su
decisión cuando violan el Tercer Mandamiento. Cuando alguien se rehusa a
asistir a la Santa Misa, vive en pecado mortal y es sujeto del castigo merecido
por violar el Tercer Mandamiento. Si alguno vive sin Dios, su vida no tiene
sentido. De la misma manera, si a los niños no se les proporciona alimento
espiritual sus vidas no tendrán significado y habrá mucho sufrimiento que
experimentar en sus vidas. Pues sin la sólida moral de Dios, que recibirían en
la Santa Misa, sus travesías serán como un barco perdido en el mar sin capitán
que lo guíe. También hay personas que
asisten a Misa con mediocridad. No han venido a aprender o a adorar a nuestro
Señor, sólo han venido a cumplir con el
precepto del Día del Señor. Se les puede reconocer pues son los últimos en
llegar y los primeros en salir.
¿Cómo puede alguien
verdaderamente decir que ama a Dios cuando viene a El con un corazón vacío?
Cuando amamos a Dios tratamos con todo nuestro corazón de agradar a Dios, y no
hay excusas, no hay razón para negarle nuestro amor. Los que aman a Dios desean
conocerlo más. La Santa Misa es el mayor regalo sobre la faz de la tierra, y
por lo mismo debería proporcionarnos la máxima alegría y consuelo.
La siguiente
historia puede explicar, de manera más profunda, lo que está pasando muchas
veces en la Santa Misa en nuestros tiempos. Deseamos compartir la historia de
un joven de fuerte fe, quien, con todo su corazón, deseaba asistir a la Santa
Misa y escuchar a nuestro estimado sacerdote aportar a la congregación palabras
de sabiduría. Cuando nuestro estimado sacerdote empezó a hablar, una gran
alegría invadió a este joven, pero frente a él había dos jóvenes hablando con
faltas de respeto, mostrando poca reverencia hacia este fiel y santo sacerdote.
Este joven estaba sentado escuchando al buen sacerdote que le enseñaba bien los
valores de Dios, mientras esos otros dos jóvenes hablaban entre sí. Sus
palabras eran vulgares, demostrando su falta de respeto por nuestro bendito
sacerdote. Como hacían estas cosas en la Casa de Dios, provocaron gran enojo a
nuestro Glorioso Dios. Hubiera sido mucho mejor para ellos que no hubiesen
venido con su mediocridad, pues los que viven en mediocridad serán vomitados y arrojados al fuego del
infierno. Después de la Santa Misa el joven fue y habló con ellos. Les dijo que
le habían causado gran pena por su amor inconsistente por Dios. Los dos jóvenes
sabían que lo que les decía era cierto, sin embargo por su falta de disciplina
y por su orgullo se rehusaron a escuchar. La ceguera de estos dos jóvenes ha envuelto a muchos en la Fe Católica hoy en
día.
Miremos a la
juventud de hoy, buscan al mundo más de lo que buscan a Dios. Se postran ante
la televisión y arrojan toda oración de sus vidas. Hoy en día la mayoría de la
juventud no tiene un concepto de Dios. Muchos no creen en el Cielo o en el
infierno, o en el Purgatorio. Muchos vagan sin sentido por la vida con la guía
del demonio, pero no podemos culpar a la juventud. Porque muchos de nosotros,
que deberíamos ser conscientes y llenos de sabiduría, también rechazamos la
obediencia. Deseamos el mundo, y muchos lo encuentran, y somos consumidos por
sus pecados. ¡Qué pena, cuando muchos comprometen las leyes de Dios! Muchos
evitan la realidad del Tercer Mandamiento.
Están buscando de encontrar excusas por los que no pueden asistir a la
Santa Misa, y en su deseo de ser aceptados por Dios hablan de lo buenos que
son, y de que Dios los aceptará como son.
Pero debemos de entender que no podemos hacer arreglos con las Leyes de
Dios, pues ¡Han sido escritas sobre piedra y deben ser guardadas!
Aquellos que hablan
de su propia bondad sin guardar los Mandamientos, no deben ser ciegos al porqué
Dios Todopoderoso ha dado los Mandamientos.
Si nos negamos a guardarlos, no importa cuán buenos digamos ser,
¡esteremos mereciendo el fuego del infierno! Y luego están aquellos que dejan
la Iglesia Católica Romana para encontrar otra, pero al irse pierden la
plenitud de la fe. La Santa Iglesia Católica Romana es la Verdad completa, y
todas las otras denominaciones Cristianas poseen sólo parte de la Verdad. Como podemos ver, cuando no tenemos a
Jesucristo en el Santísimo Sacramento, nuestro caminar por la vida está
motivado por nosotros mismos y nuestra vida es vacía. Pues cuando recibimos el
Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor
Jesucristo en el Santísimo Sacramento, la Santa Eucaristía, El es nuestro
Alimento Espiritual bajado del Cielo, para que tengamos la vida eterna en
nosotros. Es por la Carne de Jesucristo,
por el Cuerpo de Jesucristo y por la Sangre de Jesucristo que los Católicos son
motivados en su camino al Reino de los Cielos.
Hay muchas
denominaciones Cristianas además de la Iglesia Católica, sin embargo sólo una
Iglesia conlleva todos los Frutos de Dios. Reflexionemos sobre lo que se está
diciendo. Si la Santa Iglesia Católica Romana fuera un árbol en medio de las
otras denominaciones Cristianas, sería un árbol lleno de frutos colocado en el
centro de bosque de pinos. Si cada uno de esos pinos representara a una
denominación distinta del Cristianismo, no podrían sostenerse por sí mismos,
pues carecen de los Santos Sacramentos que les evitarían morir de hambre. Pero
si la gente de las distintas denominaciones Cristianas, deseando los frutos de
la Santa Iglesia Católica Romana dejaran su denominación y entraran a la Santa
fe Católica, entonces podrían recibir los beneficios que nuestro Glorioso Dios
ha colocado en la Santa Iglesia Católica.
El árbol frutal que
representa a la Santa Iglesia podría alimentar espiritualmente a todo el mundo,
y los que lo aceptan recibirán la vida esplendorosa que la Santa Iglesia
proporciona. Con gran tristeza muchos se rehúsan a examinar de cerca el
principio de todo Cristianismo, pues si lo hicieran encontrarían que la Santa
Iglesia Católica es el cimiento del Cristianismo, y es la piedra angular de la
Fe Cristiana. Desde San Pedro hasta el
Papa Juan Pablo II la Santa Iglesia ha superado cada ataque del demonio. Alguno
puede preguntarse, ‘¿Cómo es esto posible?’ y la respuesta es clara, pues Dios
bendice Su Iglesia para que sea un instrumento de perdón y un instrumento de
reconciliación con nuestro Glorioso Dios. La Santa Iglesia ha superado los
ataques del demonio, y la razón queda muy clara, es porque Dios así lo ha
querido. La Santa Iglesia Católica Romana es sostenida de forma sobrenatural a
lo largo de la historia, para que pueda ser un instrumento de la Gracia Divina
que guía a las almas hacia el Reino de los Cielos. Cuando uno conoce la
realidad de la Santa Iglesia Católica Romana y pertenece a ella, sí la abandona
como consecuencia de un amplio número de razones irracionales, y se une a otra
Iglesia, será responsable de no utilizar los Sacramentos con los que se le ha
obsequiado. Aquellos que tienen el
conocimiento y lo rechazan serán juzgados severamente. No tenemos excusa para
fallar, pues se espera más de nosotros, ya que nuestra cosecha de la fe que se
nos ha dado en la Santa Iglesia Católica Romana es enorme comparada con otros
credos.
Para todo Católico
el Tercer Mandamiento debería significar un día de gozo, el día que ha hecho el
Señor, alegrémonos en El. Es importante
recordar el Tercer Mandamiento, pues otorga el valor real del día de nuestro
Señor. El día del Señor es un día de
soledad, es un día para rendir culto a nuestro Glorioso Dios. Es un día para servir
a Dios, para honrar a Dios, para bendecir a Dios. Es un día para valorar el
Sacrificio que El nos ha dado en el Calvario. Es un día que debería de estar
lleno de oración, amor, y más buenas obras que sean agradables a Dios.
Alguno podría
preguntar, ‘Si el día del Sabath es el Sábado, ¿Por qué entonces celebramos el
Domingo como día del Señor?’ La respuesta es clara, es porque en domingo
nuestro Señor resucitó de entre los muertos trayendo Su Luz al mundo. De igual
manera, en Domingo nuestro Señor envió a los Apóstoles el Espíritu Santo, Quien
los potenció con la Luz de Dios para que pudieran atraer a las almas a la
salvación de Jesucristo. Muchas personas
tienen dificultades para entender lo que Dios espera de ellos en el Tercer
Mandamiento. Muchos no entienden lo que está permitido, y lo que se nos prohíbe
hacer bajo la Ley del Tercer Mandamiento. Deberíamos de entender que el hecho
de no estar satisfechos con hacer sólo el mínimo requerido por la obligación
Dominical, denota que nuestro amor por Dios es fuerte y agradable a El. Cuando
nos esforzamos por hacer más de lo requerido, le damos alegría a Dios. El Domingo es un día de descanso. Es un día de
oración. Es un día de reflexiones silenciosas. Es un día en el que podemos
disfrutar de lecturas piadosas. Es un día en el que podemos visitar a los
enfermos, a los moribundos, y a los ancianos. Es un día para visitar a nuestro
Señor en el Santísimo Sacramento. Este es
un día en el que podríamos rezar el Santo Rosario por la intercesión de
la Madre Bendita.
No es pecado
disfrutar actividades familiares mientras no sean pecaminosas por naturaleza.
Al emprender actividades familiares el Domingo deberíamos evitar todo lugar
donde se use lenguaje inadecuado. Deberíamos evitar diversiones pecaminosas.
Deberíamos evitar hacer que los demás realicen trabajos serviles. Cuando
hacemos actividades recreativas que fortalecen el cuerpo, se puede dar alegría
a Dios, pues es importante que nuestro cuerpo y alma sean fortalecidos con la
salud para que podamos hacer lo que sea que Dios nos pida. Así que no debemos
de ser escrupulosos en nuestros pensamientos. No debemos caer en los errores de
algunos, que desean que el día del Señor se lleve como los Fariseos guardaban
el Sabath. Pues hoy en día muchos caen en el extremo, hablando de sus propios
deseos, diciendo a los demás que no pueden manejar sus coches para ir a la
Santa Misa, o que no pueden navegar en sus lanchas, o que no deberían disfrutar
actividades de recreo que no son pecaminosas por naturaleza. E incluso están
aquellos que dirían que no se debe buscar alegría en este día, pues pertenece
al Señor. Es importante que no juzguemos a los demás, pues no sabemos si Dios
tiene un plan para ellos. Pero es nuestro deber orar por quienes creemos que se
están alejando de la Luz de Dios, para que algún día puedan recibir la luz que
ha derivado de nuestra oración y puedan entrar a la Luz de nuestro Glorioso
Señor, Jesucristo.
¿Qué está prohibido
en el Tercer Mandamiento? No debe haber trabajo servil innecesario en el Día
del Señor. De igual forma, cualquier cosa que nos obstaculice el poder observar
el Día del Señor debe de evitarse. Se podría preguntar, ‘¿Qué es trabajo
servil?’ Es el trabajo que en el pasado estaba reservado para los esclavos, por
lo que cuando hacemos lectura, escritura o estudio, estas actividades no caen
en la categoría de trabajo servil. Hay excepciones de trabajos serviles a
ejecutar, como los necesarios bomberos, y los policías suficientes. También se
permite el trabajo servil cuando la honra se da a Dios, como trabajar para la
mayor Gloria de Dios. Otro tipo de trabajo servil que se permite es trabajar
por el bien del prójimo, como por ejemplo si se le estropea el coche y es su
única forma de transporte a la Santa Misa. Ayudarle al prójimo sería agradable
a Dios, pues Dios bendice a quienes bendicen a los demás con su
generosidad.
Debemos examinar
las Bondades de Dios y la Abundancia de Su Rectitud. Cuando encontremos su
Abundancia, encontraremos nuestro hogar. El Tercer Mandamiento no es para
limitarnos, sino para bendecirnos con el conocimiento de que necesitamos
santificar el Día del Señor. Más allá de todas las recompensas, el Cielo es la
mayor recompensa. Reflexionemos sobre los Santos, cómo trabajaron para
asegurarse un lugar en el Cielo. Deberíamos de estar avergonzados de lo poco que
hacemos para la Gloria de Dios. Reflexionemos sobre el poco tiempo que
dedicamos al servicio a Dios. Tengamos en cuenta que hay 365 días al año. Es
equivale a 8,760 horas, que es igual a 525,600 minutos al año. ¿Cuánto tiempo
le damos realmente a Dios? Reflexionemos
sobre los momentos que pasamos en la Santa Misa o en la oración. Aún en
esos momentos, muchos de nosotros estamos distraídos, haciendo patente el poco
tiempo que tenemos para Dios. Ahora que hemos visto lo poco que le hemos dado a
Dios en un año, multipliquémoslo por los años que hemos vivido. Dios, en su
Amor Justo y Divino, Quien nos ha dado todo el tiempo que hemos tenido en el
pasado, algún día nos pedirá cuentas exactas de nuestra vida y encontrará, en
ese último día, lo poco de nuestro tiempo que dedicamos a Su honor y a Su
servicio. No debemos de olvidarlo, ¡Nuestra vida es un libro abierto ante Dios!
Aún los momentos que desperdiciamos viviendo una vida de pecado en el pasado,
estarán contra nosotros. Es por esto que necesitamos el Sacramento de la
Reconciliación. ¡El tiempo perdido está perdido para siempre! ¡No puede
renacer! ¡Es definitivo! Por lo que nunca podremos recuperar el tiempo que
hemos desperdiciado. Después de la Gracia, el tiempo es lo más valioso que Dios
nos ha dado. Así que, debemos de usar bien nuestro tiempo para que sea
agradable a Dios, y sea una bendición
para nosotros en la hora de la muerte.
Les decimos estas
palabras no para que se sientan castigados, sino para que reciban la bendición
de conocer el esfuerzo que requiere ser santos. Hemos sido muy bendecidos al
estar al servicio de Dios, trayendo luz en medio de este mundo oscuro. Debemos
de bendecir a Dios con nuestro tiempo y cargar la cruz del Hijo Divino de Dios
a lo largo de nuestras vidas. Sólo mediante la Gracia de Dios podremos
mantenernos en el estrecho sendero que conduce al Reino de los Cielos. Dios ve
la bondad de nuestros corazones, y El, que es Todopoderoso, busca explotar
nuestra bondad, para que muchos de nuestros hermanos y hermanas puedan encontrar
su camino a casa a través de nuestro amor, y encuentren así un lugar de
descanso en Dios.
El Cuarto Mandamiento
El Cuarto
Mandamiento dice, “Honra a tu padre y a tu madre”. Parece que en nuestra sociedad hoy en día,
este Mandamiento tiene poco significado a los ojos de nuestros niños. Nuestros
niños necesitan saber lo que Dios espera de ellos a través del Cuarto
Mandamiento. En Su Mandamiento El habla fuerte y claro: “Debes honrar, amar y
obedecer a tus padres”.
Es importante que
los niños reflexionen en el Cuarto Mandamiento otorgado por nuestro Glorioso
Dios, pues muchos de nuestros niños no conocen su significado. Sería bueno para
los niños escuchar lo que estamos a punto de enseñarles con respecto al
significado del Cuarto Mandamiento. A menudo tu vida puede ser compleja y tus
deseos por el mundo pueden abrumarte, lo que te provoca violar el Cuarto
Mandamiento. Muchos en el mundo actual se han vuelto egoístas, y de igual forma
los niños, especialmente con la libertad que se les ha dado. Muchos niños de
hoy utilizan su libertado de tal forma que deshonran a Dios, lo que a su vez
provoca enojo en todo el Cielo. ¡Los Santos no están hechos de egoísmo, sino de
generosidad! En nuestro mundo actual, el egoísmo y el concentrarse en uno mismo
es un estilo de vida para la mayoría de los jóvenes. ¡Es tan difícil para unos
buenos padres Cristianos educar a sus hijos para la Gloria de Dios!
Alguno puede
preguntar, ‘Pero, ¿Qué tal si mis padres son malvados, y me enseñan a hacer las
cosas que ellos hacen?’ En ese caso la respuesta es clara. No debemos amar a
nadie más que a nuestro Dios Todopoderoso, y es para Dios que fuimos creados.
Si tus padres te exigen hacer algo que es pecaminoso por naturaleza, entonces a
fin de amar a Dios más que a nadie, debes negarte a cometer dicho acto. Pero,
si tus padres te obligan a hacer algo pecaminoso, entonces no serás considerado
responsable de ello, sino que más bien el pecado recaerá sobre las almas de tus
padres y serán ellos quienes tendrán que responder por lo que han hecho a uno
de los pequeños de Dios.
¡Qué preocupante es
ver tanta confusión en los corazones de tantas personas hoy en día! Uno está
preocupado por los deseos de la carne, mientras que otro está siendo tentado
por los atractivos del mundo. Incluso están los que verdaderamente han sido
poseídos por los demonios del mundo que pertenecen al diablo. Alguno de ustedes
podría preguntar, ‘¿Cómo es que alguien pueda ser poseído por el demonio?’ Esto
no puede contestarse con una sola respuesta, pues existen muchas potencias que
el demonio está usando para obtener el acceso a su existencia. A pesar de que muchos
niños conocen las potencias que el demonio está usando, aún así no quieren huir
de ellas, muy por el contrario, se dejan llevar por sus impulsos y les permiten
envolverlos, ¡Para guiarlos al pecado, para poseerlos y convertirse en ellos!
Después de que el demonio te posee, te vuelves alejado de la espiritualidad, y
te consumen las cosas del mundo. Para reconocer cuando el demonio te está
infiltrando, debes examinarte bien.
He aquí algunos
signos que te dirán si estás siendo engañado. Empiezas a rezar menos, y tal vez
dejarás de rezar totalmente. Permites que tu mente divague en pensamientos de
vaciedad durante la Sagrada Misa. Empezarás a poner menor énfasis en Dios, y
más énfasis en ti mismo. Empezarás a violar el Cuarto Mandamiento más
frecuentemente y con menor vergüenza cada vez. Desearás los placeres mundanos
más que agradar a Dios. Empezarás a hablar profanamente y a buscar que les
caiga algún mal a aquellos que no te agraden. Irás a lugares que desagradan a
Dios. Verás cosas que ofenden a Dios y no sentirás remordimiento por lo que
acabas de hacer. Escucharás cosas que sabes que ofenderían a Dios, y no
sentirás remordimiento. Desde nuestra humilde
condición gritamos a la juventud del mundo actual, ‘Hagan recto el camino del
Señor’ y sin embargo muchos no escuchan, pues están demasiado ocupados para ver
lo que están haciendo para detrimento de su propia alma.
¿Qué es una pizca
de placer comparada con una Eternidad de placer en el Reino de los Cielos?
Hay mucha tristeza
por muchos de los padres Cristianos que claman en oración por sus hijos
perdidos, para que crezcan en santidad y se vuelvan agradables a Dios y que
sean capaces de soportar los ataques del demonio, los ataques del mundo, y los
ataques de la carne.
La juventud del mundo debe de entender por
medio del Cuarto Mandamiento que deben ser obedientes a sus padres porque les
ha sido ordenado por Dios. Deben de creer que lo que sus padres desean para
ustedes es bueno, y que a través de los años en que ellos han madurado, han
ganado en sabiduría y comprensión. Las experiencias de sus padres son mucho
mayores que las de ustedes, y a pesar de esto muchos de los jóvenes creen que
saben mucho más que sus padres, lo que sólo demuestra su ignorancia. Comprendan
que es el deber de sus padres guiarlos, amarlos, y nutrirlos en la fe de
nuestro Señor, Jesucristo. Aunque pudieran equivocarse un su decisión de hacer
lo correcto, hagan lo que les piden y Dios les recompensará su obediencia.
De igual manera, la
juventud debe empezar a entender los fuertes principios del Cuarto Mandamiento.
No deberían siquiera levantar la voz hacia sus padres, ni tampoco deberían
nunca cuestionar su autoridad. No deberían hablar mal de sus padres a sus
amigos, pues hablar mal de los propios padres viola el Cuarto Mandamiento. No
deberían nunca de retar su autoridad, ni tampoco dar falso testimonio ni mentir
a los padres. Más bien, sería bueno para ellos reconocer los muchos sacrificios
que ellos han realizado por sus hijos, y lo ingrato que los hijos han sido con
ellos. Deberían empezar por pensar en lo duro que los padres han trabajado por
sus hijos, para que tengan comida que comer y un hogar cálido para descansar su
cabeza. Muchos de los jóvenes de hoy actúan con vergüenza de sus padres, lo que
provoca mucha ira a Dios. Piensen en esto; ¿acaso no fue su madre la que los
cuidó hasta recuperar la salud cuendo estaban enfermos? ¿No fue su madre quine los confortó cuando
tenían miedo? ¿No fue su madre quien les dio la vida desde su propio vientre?
¿No fue su made quien les dio de comer, los vistió, y los mantuvo limpios
cuando eran pequeños? Sin embargo muchos de los jóvenes ignoran los sacrificios
que sus madres han hecho, lo que provoca gran tristeza a la Madre de Dios y
trae mucho enojo a nuestro Glorioso Padre Celestial.
La juventud debe
entender su deber para con sus padres. Es su deber no sólo honrar, amar y
obedecer a los padres, sino también ayudar a mantenerlos cuando están
necesitando su ayuda. No deben nunca de olvidar que sus padres trabajaron por
ellos; no importa lo enfermos que estén o lo viejos que se hagan. Deben ser
agradecidos con ellos y deben de recordar las veces, y los sacrificios que han
hecho por ustedes, y a cambio, deben hacer lo mismo por ellos. Se dice que se
puede conocer el corazón de un hombre por lo que ha hecho, pues un hombre
espléndido siempre buscará la mejor parte de la vida. Siempre deseará hacer el
bien, aún cuando se le haya hecho un mal a él. Los jóvenes deben de empezar por
preguntarse a sí mismos ‘¿He tratado con dignidad, respeto y honor a mis
padres, o les he faltado el respeto y los he deshonrado?’
Para la juventud es
importante conocer la gran responsabilidad que Dios ha confiado a sus padres.
Es el deber de los padres el cuidar de sus hijos, tanto física como
espiritualmente. Es su deber proporcionar guía y dirección adecuada. Es su
deber vivir una vida ejemplar para que el ejemplo de los padres caiga sobre los
hijos. ¿Pueden ver ahora cómo los padres no están exentos de responsabilidad, y
no se les permite que dejen a sus hijos hacer las cosas como ellos quieren? Sus
padres son responsables de ustedes y si lo hacen a la ligera, Dios castigará su
negligencia. Son como sus ángeles de la guardia, pero no son ángeles. Ellos son
sus protectores, quienes realizan el trabajo de Dios. Como Dios los ha asignado para que sean sus
padres, es necesario que ellos apliquen castigos cuando convenga. Ustedes, como
hijos suyos, deben respetar el castigo como si viniera de Dios Mismo. Porque,
como comprenderán, sus padres no se complacen en castigarlos; muchas veces les
provoca gran dolor, pero es necesario, ya que sin el castigo, nunca crecerán
los hijos en la disciplina que se necesita en el camino hacia el Reino de los
Cielos.
Escuchen bien esta
historia para la juventud. Había un hombre y una mujer que vivían juntos antes
de casarse. Muchos en su pueblo, que a su vez estaban criando a sus hijos para
la Gloria de Dios, sentían gran tristeza sabiendo que sus hijos eran testigos
de la desobediencia de esta pareja a los Mandamientos de Dios. Antes de
casarse, la pareja cayó en la fornicación. La mujer quedó embarazada. Aunque
creían en el aborto, tuvieron al bebé fuera del matrimonio. Con el tiempo, se
casaron, sin embargo vivieron su vida como si no existiera Dios. Después de
casarse tuvieron tres hijos más. La educación de los niños causó enojo en Dios,
pues los padres descuidaron las necesidades espirituales de los niños. Por lo
mismo, cuando los niños alcanzaron el uso de razón ellos también vivieron una
vida que desagradaba a Dios. Cuando ellos se conviertieron en la cabeza de sus
propias familias, sus hijos también aprendieron el mal ejemplo de la maldad de
sus padres. ¿Pueden ahora, ustedes, los jóvenes, ver lo importante que es
verdaderamente el papel de padre de familia? Pues una generación de malos
ejemplos puede condenar a la familia por muchas generaciones venideras. ¿Acaso
no revela esto la importancia de obtener y mantener una buena relación
espiritual con Dios? Porque lo que es cierto en los padres que dan un mal
ejemplo, puede ser lo opuesto cuando los padres viven una vida ejemplar. Pues
aquellos que revelan a sus pequeños el buen ejemplo de Dios, bendecirán a sus
familias por múchas generaciones venideras. Aún cuando sus padres los castiguen
por algo que no han hecho, acéptenlo y ofrézcanlo como un sufrimiento para la
mayor Gloria de Dios. Y después, sería bueno para ustedes reflexionar sobre las
veces que fueron culpables de algo y no fueron castigados por eso. Verán: Dios conoce su inocencia y su
culpabilidad, y cuando son inocentes, pero castigados por error, Dios les
recompensará por aguantar estas pruebas con paciencia. Recuerden siempre, hay
un gran beneficio derivado de sufrir por nuestro Señor. Así que cuando sufran,
ofrezcan todo su sufirimiento para la mayor Gloria de Dios y su recompensa será
grande.
Dios nos hace
responsables de nuestras acciones, a los jóvenes y a los viejos, y El nos hará
responsables de lo que hayamos hecho a nuestros padres. Por lo que ustedes, la
juventud de hoy, deben preguntarse, en cada acto que hagan, ¿qué ha hecho esta
acción para mi salvación eterna? Entonces sabrán si están complaciendo a
nuestro Glorioso Dios o mereciendo las llamas del infierno.
Hay enorme tristeza
en el mundo hoy en día, porque muchos de los jóvenes se han vuelto rebeldes y
están llenos de mentiras de amor inconsistente. Muchos mienten a sus padres, y
por lo mismo dan falso testimonio. Les roban su esperanza, sus sueños, y sus
ilusiones para sus hijos. Muchos de los jóvenes han tomado los corazones de sus
padres y los han roto con su desobediencia. Es extremadamente difícil para los
padres hoy en día, pues muchos de sus hijos viven en pecado mortal por su
rebeldía, y entonces el demonio viene a ellos como un enjambre de abejas,
matando en ellos la vida espiritual sin ningún remordimiento.
Por el Cuarto
Mandamiento, estamos obligados por ley a honrar y obedecer a los obispos,
sacerdotes, diáconos, pastores, magistrados, profesores, y a todos los
superiores legales que Dios ha puesto sobre nosotros. Pese a que debemos de
honrar a los magistrados, que son aquellos que tienen papeles de liderazgo,
tales como el Presidente de nuestra Nación y los demás líderes, no debemos ser
obedientes a lo que dicen o enseñan cuando entra en conflicto con las Leyes de
Dios, como el aborto, la anticoncepción, o las uniones de hecho, que son
matrimonios del mismo sexo.
En estos tiempos
dolorosos para los obispos, sacerdotes, diáconos y pastores, muchos de los
fieles han difundido rumores (chismes) sobre ellos, lo que viola el Cuarto
Mandamiento. Hoy, más que nunca, nuestro clero necesita de nuestro amor,
nuestro apoyo, y nuestra dedicación. Muchos de los sacerdotes que han sido
acusados de mal comportamiento son inocentes, pero el mundo los ve como
culpables. Mientras nuestro Señor, Jesucristo, era llevado a la crucifixión, El
también era considerado culpable, pese a que ningún hombre sobre la faz de la
tierra jamás fue más inocente que nuestro Glorioso Dios. Así que no seamos sus
jueces, sino que amémoslos, oremos por ellos, y ofrescamos sacrificios por
ellos. Es muy importante que motivemos a
nuestros buenos sacerdotes y les reafirmemos el respeto que tenemos por ellos.
Es de máxima importancia que recordemos lo que ellos hacen por nosotros, pues
nos bajan del Cielo el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor, Jesucristo. Así que
bendigámoslos siempre con amabilidad, como lo haría un hijo por su padre, y no
dejémos nunca de buscar su guía en tiempos de dificultades espirituales. No lo olvidemos
nunca, sin nuestros buenos sacerdotes nos moriríamos de hambre espiritual.
Hay muchas cosas
que nos puede enseñar el Cuarto Mandamiento. Hay muchas cosas que están
prohibidas y muchas cosas que debemos de hacer a fin de ser padres
responsables. Es nuestro deber educar a nuestros hijos con el ejemplo, la
palabra, y el castigo justo. Los tres son claves a fin de ser padres exitosos
que son capaces de traer vida espiritual a sus hijos, pero ¡Ay de los padres
que dañan a los pequeños de Dios! pues sus pecados serán castigables por medio
de las Leyes de Dios.
No hay amor mayor que el Amor de Dios, cuando El, que es
Todopoderoso, nos ha bendecido con una promesa para aquellos que santifican el
Cuarto Mandamiento. La promesa es que aquellos que honran a su padre y a su
madre tendrán buena salud y vivirán una larga vida en la tierra, donde podrán
compartir el Amor de Dios. ¡Qué promesa tan maravillosa con la que Dios nos ha
bendecido y que regalo tan espléndido de su Generosidad que nos bendijera con
el conocimiento de tal promesa! Así que es muy importante que tratemos con todo
nuestro corazón de mantener santo el Cuarto Mandamiento honrando, amando y
obedeciendo a nuestros padres.
A continuación damos una breve
guía de lo que está prohibido por el Cuarto Mandamiento: No debes ser
desobediente, ya sea de palabra o de obra: Esto significa que si tus padres te
dan una orden legal, no puedes rehusarte, pues si lo haces, estás violando el
Cuarto Mandamiento. No se te permite el desprecio, pues despreciar a tus padres
es una violación del Cuarto Mandamiento. Uno puede preguntarse, ‘¿Qué es el
desprecio?’ El desprecio se manifiesta por medio de la palabra o de la acción.
Cuando alguien no estima a sus padres o los detesta, estas acciones revelan el
desprecio en su corazón. Posiblemente lo siguiente lo explicará mejor: si un
rey te llamara a su corte, y mientras te interrogara, estuvieras faltándole el
respeto a su autoridad sobre ti, estarías “en desprecio”. ¿Ves porqué no deberías
desestimar la autoridad de tus padres, pues si lo haces estás violando el
Cuarto Mandamiento? De la misma manera,
nunca debes ser necio hacia tus padres, cuando se te pide algo. Inmediatamente,
haz lo que se te pide. Cuando no estás dispuesto a obedecer a tus padres, aún a
pesar de que sabes que están en lo correcto y tú estás equivocado, estás
cometiendo un acto de necedad que viola el Cuarto Mandamiento. Aún si demoras
el cumplimiento de lo que tus padres te han exigido, estás violando el Cuarto
Mandamiento.
Según el Cuarto Mandamiento, no debes levantar tu voz en
ira hacia tus padres, ni deberías jamás de vituperarlos delante de tus amigos o
vecinos. No debes nunca de burlarte de ellos, pues cuando te burlas, te estás
burlando de Dios, Quien ha dado a tus padres autoridad sobre ti. Deberías
bendecir a tus padres de todas las formas posibles por los sacrificios que han
hecho por ti. Comprende que lo que deseas hacer, muchas veces, contradice la
Voluntad Divina de Dios. Por lo mismo debes examinarte todos los días, y cuando
encuentres cualquier cosa que puedas estar haciendo que ofenda a Dios o
cualquier |